Puestos virtuales
Curioso eufemismo para recordarnos que estamos de paso; que no formamos parte de esta empresa cuyas oficinas nos acogen por unos días, semanas, meses; quién sabe. Lo que está claro es que debemos borrar de nuestra cabeza esa imagen de "puesto de trabajo" compuesto por una mesa, silla, cajonera, ordenador de sobremesa, bandejas y otros accesorios de papelería, además de todo aquello que cada cual elija para hacer más humano, agradable y llevadero el trabajo de cada día: una foto de la esposa o los niños, un muñeco de goma de esos que llaman antiestrés, una plantita...
Sí, tengo mesa y silla -bastante cómoda, por cierto-; también un soporte para el ordenador portátil, un teclado y un ratón para facilitar el trabajo, un cable de red que me permite conectar con internet pero no con mis compañeros de proyecto, y un teléfono que, en mi caso, no tiene línea; y aunque la tuviera tampoco me serviría de mucho, porque también es virtual, y necesitas una clave para poder realizar llamadas. Todo ello delimitado por tres tabiques virtuales de medio metro de altura, que me aislan si cabe un poco más de todo lo que me rodea; así es mi puesto virtual.
Como el que no se consuela es porque no quiere, cada día mis compañeros y yo ocupamos los mismos puestos virtuales; es ésta una forma de hacerlos nuestros, aunque sólo sea un poco. Pero es lo único que podemos permitirnos. Son contrastes que ensombrecen el día a día, aunque no me quejo: mi trabajo es muy real, y la máquina de cafés -con manzanilla y poleo- es gratis.

El Corte Inglés de Preciados. Planta baja. Un día cualquiera por la tarde. En la zona donde se mezclan relojes, bisutería, joyas, recuerdos típicos de España o de Madrid, me crucé con un señor mayor. Más que en su rostro, el de un hombre cualquiera, me fijé en el detalle de que en su jersey, en el lado izquierdo del pecho llevaba una bandera republicana. Desde hace algún tiempo no nos extraña ver en muchos lugares ese símbolo que para algunos equivale a tiempos pasados y para otros representa deseos de futuro, pero lo más llamativo era que la bandera estaba fijada al jersey con papel de celo que, a falta de otro adhesivo mejor, bien le valía a este señor para manifestar su ideología. Poco sé de la república y los republicanos pero sé que a él bien poco le importaba la forma...
Se refería a un caso que sucede entre un millón: dos mellizos hijos de un matrimonio entre una mujer de color y un hombre blanco. Hasta aquí nada excepcional; pero lo curioso del caso viene al observar la imagen de los hermanitos: uno es blanco y el otro de color. Imagino lo mucho que les costará en el futuro convencer a sus compañeros de colegio que verdaderamente son mellizos...