lunes, 21 de abril de 2008

Ecos de las elecciones

Tres imágenes que me dejaron las elecciones, sí, esas que hubo hace mes y medio y de las que ya nadie habla. Ahora la actualidad la marca la composición del nuevo gobierno y las mediáticas luchas internas en las filas de la oposición.

El tamaño ¿importa?

Pues resulta que andaba yo a pocos días de las elecciones pensando a quién votar, y me dije "voy a echar un vistazo a los programas electorales" Empecé por partidos minoritarios, como Ciutadans y UPyD, cuyos PDFs rondaban las 100 páginas. Por supuesto, no me los iba a leer enteros, así que ya puestos, quise ver cuánto ocupaban los de los partidos mayoritarios. El de IU andaba por ahí, por ahí, pero en cuestión de tamaño la diferencia la marcaban PSOE y PP, con ¡más de 300 páginas de programa! Mi más sincera enhorabuena a los valientes que se lo hayan leído. En mi caso, el tamaño sí que fue determinante para saber a quién no votar :-)

Cachorros (¿autómatas?)

La noche electoral se centraba en las sedes de los partidos, sobre todo de los dos más importantes. Los militantes y simpatizantes se congregaban allí, banderola en mano, para aclamar a sus respectivos líderes y celebrar la victoria que, claro está, sólo podía ser para uno de los dos. Al margen de fiestas o decepciones más o menos encubiertas, me quedo con las declaraciones que hacían esos entusiastas fans -en su mayoría jóvenes- a las unidades móviles de radio y televisión. Si ponía por escrito sus palabras, obviando sus voces, poco distaban de los mensajes emitidos en los últimos tiempos por los líderes de sus partidos. Pero además de en eso, me fijé que lo importante para algunos de los miembros del bando vencedor no era el hecho en sí de haber ganado, sino de que el rival no lo hubiese hecho (todo da igual, todo vale, con tal de que mi rival no gane). Triste panorama político para el futuro...

Tristeza de la mujer en la sombra

Mientras las cámaras, flashes y micrófonos se centraban en el candidato derrotado, yo no podía dejar de mirar a su esposa, que en un principio no apareció, pero que al poco se dejaba ver para acompañar a su marido en un momento tan agridulce (había obtenido un buen resultado, pero a todas luces insuficiente). Se nota que no es amiga de cámaras y flashes, pero eso quedaba en segundo plano contemplando su rostro cansado pero sobre todo triste, profundamente triste. Sólo ella sabe lo que pasaba por su cabeza en ese momento, pero aventurándose un poco cabe pensar en los últimos años de sacrificio, de ver a su marido dedicado en cuerpo y alma a su tarea de líder de la oposición y de candidato a la presidencia, y encontrarse ahora igual que hace cuatro años, sin otra recompensa que el desconsuelo y la orfandad de la derrota, contrastando con la serena y contenida alegría de la otra mujer en la sombra, la que durante otros cuatro años más habitará el Palacio de La Moncloa.



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