martes, 27 de septiembre de 2011

Con nombres y apellidos

Me resulta curioso escuchar de labios de mi hija Andrea cómo empieza a llamar a algunos de compañeros de clase por su nombre y primer apellido. Lo que el año pasado, en la guardería, eran menciones a Hugo, Bruno, Martina, Katia, etc. ahora son referencias a Hugo Luna, a Gonzalo Sánchez, pero también a Paula, Sofía, Marina, Daniela...

Sí, Andrea ya va al cole, y ese hacerse mayor también se nota a la hora de hablar de sus compañeros. Entonces me acuerdo de que hace ya muchos años, cuando yo iba al colegio, era lo mismo: había varios Javier, varios Fernando, varios David, a los que se llamaba por su nombre y su primer apellido; algunos incluso perdían el nombre y sólo respondían a su apellido.

Al final no deja de ser lo que nos sucede a medida que nos hacemos mayores; vamos perdiendo poco a poco nuestra singularidad inocente de la infancia para irnos diluyendo en la multitud del mundo adulto, donde sólo se nos conoce por el nombre que obligatoriamente debe ir acompañado del apellido, ya que de otro modo no hay forma de encontrarnos.

Firmado, Alejandro Rubio :)

viernes, 6 de mayo de 2011

La guerra lo justifica todo

Estamos en guerra, o eso dicen, contra el terrorismo. Parece que eso justifica todo. Llevamos viendo toda la semana cómo las mismas personas que se llenan la boca con palabras como justicia, libertad o derechos humanos se congratulan del asesinato de Bin Laden. Sí, asesinato, que tampoco se preocupan en ocultar.

Eso sí, después de jactarse de haber eliminado del mapa al terrorista más sanguinario y de proclamar a los cuatro vientos que el mundo es ahora más seguro (¡ja!), se vuelven a poner el traje de moderados y prudentes para decir que no es conveniente mostrar las imágenes del cadáver.

En fin, todo esto no hace más que redundar en lo mismo: donde dije digo digo diego y según me conviene me pongo un traje u otro. Las personas son personas, y al hablar de igualdad nos damos cuenta de que unas vidas valen más que otras.

No defiendo al terrorista, pero el terrorista, el empleado de banca, el presidente de gobierno, el currito que se levanta cada mañana para sacar adelante a su familia,... todos son personas. A veces se nos olvida.


martes, 26 de abril de 2011

Hartura

Poner la radio, la tele, leer los periódicos... todos los días es lo mismo. En política, quiero decir.

Resulta sorprendente escuchar a políticos de uno y otro bando lanzarse los trastos a la cabeza, preocuparse más de lo que hace o deja de hacer el otro que de lanzar un mensaje positivo, que bastante tenemos con lo que tenemos. A veces pienso cómo es posible que se crean las cosas que sueltan de manera gratuita, porque aquí soltar disparates es gratis.

La pena es que, como en el anuncio, estamos como dormidos, anestesiados que dicen en algunos medios. Y es verdad. Nos tragamos cualquier cosa con tal de que nos dejen en paz. Metemos a todos en el mismo saco, pero al final seguimos encasillados, fieles como corderitos a nuestra ¿ideología? Y así nada cambia. Partido de tenis: ahora sacan unos, luego les toca sacar a los otros.

Tenemos la desgracia de padecer un sistema político bipartidista de hecho, acomodado, y poco dado a pensar en la gente. Y las voces en el desierto que claman contra esa situación al final son sólo eso, voces en el desierto.

Ay, dios mío, qué hartura....

Libros perdidos

Pues otra historia de biblioteca al canto; es lo que tiene visitarla tan frecuentemente como lo hago en estos últimos meses.


No me limito a ir allí a estudiar, sino que de vez en cuando me doy una vuelta por las estanterías buscando algún libro que pueda interesarme, y de hecho ya he encontrado más de uno. El caso es que son muchas las ocasiones en las que encuentro libros que no están donde deberían estar, bien en un estante que no les corresponde, bien en un lugar alfabético equivocado.

Más de una vez he visto en bibliotecas avisos a los usuarios para que no coloquen ellos los libros en las estanterías porque, es verdad, un libro mal colocado es un libro perdido, y es una auténtica lástima que hasta que no hagan un inventario, ese libro pueda quedar olvidado.

Yo intento poner mi grano de arena, y cuando encuentro libros olvidados, los coloco en su sitio o si dudo, los dejo sobre la mesa para que los bibliotecarios, que de esto saben un rato, los devuelvan al lugar que les corresponde.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Oportunidades

Ayer hablaba sobre genios anónimos, y hoy iba en el bus oyendo de fondo una canción que no conocía y de la que tampoco he sabido identificar el intérprete. No sé si se trataba de Maldita Nerea, El Pescao, u otro artista distinto. La cuestión es que no me sonaba especialmente bien, la voz, quiero decir. Y no digo que eso tenga que ser así. Cuántos grandes autores que hacen grandes canciones no son precisamente grandes intérpretes.

Bueno, me retracto de lo anterior: claro que tiene que ser así. ¿Por qué grandes autores se empeñan en desafiar el buen gusto obsequiándonos con interpretaciones que no están a la altura? Al contrario también sucede, pero yo creo que menos: hay intérpretes que se meten a autores, pero ahora a la cabeza me vienen casos en los que lo hacen con ayuda de gente que sabe del tema.

Pero esta mirada no va de eso. Volviendo al comienzo, pensaba en casos concretos de artistas de gran éxito que objetivamente no pasan de ser del montón, pero que por lo que sea han tenido una oportunidad que han sabido aprovechar. Olé por ellos.

El otro día, en un taller de técnicas de concentración, la chica que lo impartía nos contaba que la suerte está hecha de oportunidades, y es verdad. Hay gente que, como decía en la mirada de ayer, nunca tendrá una oportunidad de demostrar lo que vale, o la tendrá y no sabrá o no querrá aprovecharla, pero si lo hace podrá mirar atrás y decir que tuvo suerte de estar en el sitio adecuado en el momento preciso.

Las oportunidades se presentan a las personas sin distinguir sus cualidades. Una persona con pocas capacidades puede aprovechar una oportunidad que cambie su vida, y por el contrario otra con un talento fuera de lo normal puede dejarla pasar y que nadie nunca sepa que estuvo junto a un auténtico genio.

Y falta un último grupo: el de los que ni tienen capacidades ni aprovechan oportunidades, y que seguiremos instalados en la mediocridad.

martes, 29 de marzo de 2011

Photoshop for everybody

La semana pasada nos acercamos toda la familia al estudio fotográfico que tenemos cerca de casa para hacernos las fotos del DNI, y aprovechamos también para sacarnos un retrato de familia los cuatro.

Después de la sesión y las decenas de fotos que nos sacó la dueña, pasamos al momento de elegir las fotos que íbamos a imprimir. No fue fácil, pero cuando nos decidimos, llegó la parte más sorprendente: ante nuestros ojos, en la pantalla de ordenador en la que nos mostraba las distintas imágenes, comenzó a hacer retoques. Que si una manchita por aquí,l que si un arañazo que se había hecho Jorge esa misma tarde... en cuestión de segundos todo desaparecía como por arte de magia.

Y entonces supimos que no sólo las fotos de las revistas pasan por el filtro del todopoderoso Photoshop ;)

Genios anónimos

Ayer estaba en la biblioteca, como tantas tardes, frente a una estantería repleta de biografías de personajes célebres, y me puse a pensar en la cantidad de genios que seguramente habrá por el mundo, y que nunca tendrán el reconocimiento que sí han tenido los protagonistas de esos libros que tenía ante mí.

Es posible que tengan las mismas o mayores capacidades que ellos, pero nunca tendrán un lugar para el reconocimiento colectivo, bien porque no gozaron nunca de una oportunidad para dar a conocer su talento, bien porque la tuvieron y o no supieron o no quisieron aprovecharla.

Para todos ellos colocaré un imaginario volumen junto al resto de biografías.