Mostrando entradas con la etiqueta yo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta yo. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de febrero de 2012

El Dorado

Hace unos días iba en el coche y sonó la canción de Revólver "El Dorado". Para quien no la conozca, viene más o menos a contar la historia de unos padres (no sé si los del propio autor), que se sacrificaron en busca de una vida mejor, El Dorado. Pero también se cuestiona a qué precio (trabajando y llegando a casa tarde). 

Y entonces yo pensaba en mi vida, en la opción de vida que empecé a enfilar hace algo más de tres años y que parece a punto de consolidarse con mi próximo nombramiento como funcionario de carrera. 

Podría haber optado por trabajar mucho, muchas horas, ganar más dinero en la empresa privada, pero opté por meter la cabeza en la Administración y apostar por calidad de vida: menos dinero, pero más tiempo para disfrutar de mí y de mi familia. Y para nada me arrepiento. Estoy a punto de alcanzar mi particular "El Dorado".

Portabilidades

Revisando este observatorio he visto que tengo pendiente de publicar una entrada -ventana, como las suelo llamar aquí- que pretendía contar mi experiencia con Movistar en el último año desde que a finales de 2010 hice un amago de portabilidad a Vodafone. La había titulado "Fidelización o como el que no llora no mama".

Se quedó en el título y nunca llegué a escribirla, pero básicamente lo que quería contar es la jugada que muchas personas hemos tenido que hacer para conseguir mejores tarifas, un móvil de última generación a un precio algo más reducido, etc. En mi caso yo conseguí tanto para Ana como para mí un smartphone, una tarifa y ofertas ventajosas con Movistar.

La cuestión es que todo esto sólo lo conseguí porque mi órdago llegó hasta la solicitud de portabilidad a otro operador. Si me hubiera conformado con lo que tenía o con lo que me ofrecían por llevar cerca de 10 años con ellos... No soy lo que se dice un tipo echado para delante, pero en este caso busqué una oferta que me interesara, de manera que si Movistar no me ofrecía nada mejor, tampoco salía perdiendo. Pero la jugada salió bien: un Nokia C6-01 a 0€, un C7 a 90€, una tarifa de 8cts/minuto llamada y 8cts mensaje (que por entonces no estaba mal), y 500 sms gratis al mes durante un año. No está mal, aunque también tuvo su cara B: un año de permanencia (poco para lo que se pide ahora), el anzuelo de la tarifa de datos (del que ya no hemos podido salir, pero que al final considero útil), y la limitación de no poder contratar ningún otro tipo de plan de ahorro ni promoción si no cambiaba de tarifa.

Hasta aquí, todo bien. El tema de la conexión a internet tuvo un mes de prueba, tras el cual vinieron 6 meses disfrutando de un 50% de reducción de la cuota (de 10 a 5€). Tengo que decir que esta reducción no se me dio por mi cara bonita, sino porque quise darme de baja de la tarifa de internet. Pasados 6 meses tuve que repetir la jugada para disfrutar de la misma oferta.

Para entonces ya tenía claro que cuando terminara la permanencia me iría a otro operador, a ser posible sin ataduras. Desde el principio le eché el ojo a Pepephone. Superada la desconfianza inicial que puede generar el nombre y el hecho de tratarse de una operadora virtual (la infraestructura de red se la proporciona Vodafone), empecé a buscar opiniones, y me encontré con muchas favorables y muy pocas desfavorables.
¿Sospechoso o buena señal? No lo sé, el caso es que a principios de este año di el paso y ya soy de Pepephone, y el lunes que viene lo será Ana. Llevo ya casi un mes y no tengo ninguna queja; no he tenido problemas de cobertura, su página web funciona, es sencilla y tiene los datos que necesito. Las llamadas tienen una tarifa muy buena, y el bono de internet me da más que de sobra para el uso que le doy. Pero lo que más me convence es su forma de actuar: poca publicidad, cero autobombo, y servicio centrado en los clientes (algo que parece que empiezan a valorar otras compañías -ver si no el último anuncio de Orange-). Aquí puedes ver sus principios

Pero no quiero irme sin contar el cambio de estrategia que he observado en Movistar, y no sé si en las otras grandes de la telefonía móvil. Si antes se desvivían por hacer una oferta razonable de la que sólo disfrutabas si amenazabas con irte a otra compañía, ahora parece que han optado por ofrecerte sus estupendas tarifas (que en comparación no pueden competir con otras) y en contarte lo malas que son las compañías virtuales, esas a las que tanto ellos como Vodafone y Orange alquilan su infraestructura de red. No sé si les trae más cuenta, si se creen que somos tontos, o si ellos se han cansado de que, abierto el melón, muchos aprovecháramos su política de fidelización.

La cuestión es que en un par de días diré adiós a Movistar, no sé si para siempre, pero cada día estoy más convencido de que o mucho cambian las cosas o seguiré así, con un operador virtual y cuando lo necesite, con un teléfono libre, que no liberado (ya contaré algo sobre esto, que también tiene miga). El siguiente capítulo de este cuento será en abril, cuando me venza el año de permanencia que Jazztel me puso para poder disfrutar de una reducción en la tarifa del ADSL.

Si como ha demostrado Pepephone, hay otra forma de hacer las cosas, ¿por qué el resto se empeña en tomarnos el pelo?

martes, 29 de marzo de 2011

Photoshop for everybody

La semana pasada nos acercamos toda la familia al estudio fotográfico que tenemos cerca de casa para hacernos las fotos del DNI, y aprovechamos también para sacarnos un retrato de familia los cuatro.

Después de la sesión y las decenas de fotos que nos sacó la dueña, pasamos al momento de elegir las fotos que íbamos a imprimir. No fue fácil, pero cuando nos decidimos, llegó la parte más sorprendente: ante nuestros ojos, en la pantalla de ordenador en la que nos mostraba las distintas imágenes, comenzó a hacer retoques. Que si una manchita por aquí,l que si un arañazo que se había hecho Jorge esa misma tarde... en cuestión de segundos todo desaparecía como por arte de magia.

Y entonces supimos que no sólo las fotos de las revistas pasan por el filtro del todopoderoso Photoshop ;)

lunes, 21 de marzo de 2011

Libros imprescindibles

Ayer mi cuñado le regaló a mi suegro con motivo del día del padre un libro titulado "Los 1001 libros que debes leer antes de morir", o algo así. Antes de eso, nos había preguntado e iba anotando los títulos de libros que nos hubieran gustado mucho. Es curioso comprobar que muchos de esos libros que dijimos no aparecían en esa recopilación, o ni tan siquiera su autor.

Pensaba yo en la cantidad de libros que he leído de los que ya no recuerdo ni el título ni el argumento, y la cantidad de imprescindibles que ni siquiera me he planteado probar a leer. Lo cierto es que algunos de esos denominados clásicos de la literatura los veo muchos días cuando voy a la biblioteca a estudiar, y tengo un sentimiento contradictorio, porque en principio no me apetece demasiado, pero siento curiosidad, dado que figuran en muchos sitios como obras maestras de recomendable lectura. Me sucede un poco lo mismo con las películas, parece que a priori siempre me llama más la atención ver una película reciente que no una de hace varias décadas, cuando en realidad, si lo pienso, he visto bastantes películas antiguas que me han gustado (El golpe, Sonrisas y lágrimas, El mago de Oz, ...)

Últimamente leo más bien pocos libros, en comparación con otras épocas. No saco tiempo y tampoco encuentro libros que me enganchen. De hecho uno de los últimos que cogí de la biblioteca lo dejé al cabo después de leer una centena de páginas por puro aburrimiento, y otro por falta de interés en el argumento. Tengo empezado uno de Vargas Llosa que me trajeron los Reyes este año, pero tampoco termina de engancharme. No sé si se debe a mi estado de nerviosismo general por las inminentes oposiciones, aunque espero que cuando estas pasen pueda retomar la lectura, quién sabe, de unos cuantos clásicos que sí aparecen en esa recopilación.

lunes, 7 de marzo de 2011

Facebook


Muchas cosas me vienen hoy a la cabeza al leer esa palabra, y al oír a Rouco Varela (presidente de la Conferencia Episcopal Española) alertar del peligro de las redes sociales “que propician un estilo de vida virtual y vacío de encuentros y relaciones verdaderamente personales” me cabreo por varias razones:
  • porque una vez más demuestran que viven en otro mundo,
  • porque no son conscientes de que como tantas cosas en la vida, las redes sociales tienen muchas ventajas aunque no carecen de puntos negativos, y
  • porque no debe darse cuenta de la cantidad de católicos, no sólo de base sino también religiosos, religiosas y sacerdotes que ya tienen perfil en facebook.
Quizá no le haya sentado bien la cantidad de grupos que hay en esa red social que no le tratan precisamente con respeto (y con los que para nada estoy de acuerdo, porque la diferencia de opinión nunca debe estar reñida con el respeto).

Yo sólo puedo hablar de este tema desde mi experiencia personal. Entré en facebook no recuerdo muy bien cómo ni por qué. El caso es que al principio no le hacía demasiado caso, y cuando entraba era para comprobar la cantidad de chorradas en las que la gente perdía el tiempo (juegos, aplicaciones para mí algo ridículas, etc). El caso es que poco a poco me ha ido sirviendo para recuperar el contacto con personas de las que apenas sabía, y mantenerlo con otras a las que veo muy de cuando en cuando. Creo que es la mejor manera de estar permanentemente en contacto con tus amigos. Para rematar, con la llegada de mi nuevo smartphone, no puedo negar que he pasado de entrar en mi perfil una o dos veces por semana, a hacerlo varias veces al día.

Creo que Rouco definitivamente vive en otro mundo si no se da cuenta del potencial que las redes sociales tienen como medio de comunicación. Y si no, que se lo digan a las empresas que ya saben bien eso de que "si no tienes perfil en Facebook o Twiter, es que no existes". Yo creo que quienes humanizan o deshumanizan las relaciones son las propias personas. Echarle la culpa a los medios es fácil. Siento mucho que personas como monseñor Rouco, que supuestamente deben orientar a mucha gente no sean capaces de mirar más allá del titular.

Por último, saliendo ya de la polémica anterior, observo cómo las redes sociales han provocado que mucha gente olvide sus blogs (los que yo tengo en mi lista de favoritos están abandonados desde hace mucho, porque sus autores se han pasado a Facebook). Es una pena, pero es lo que hay. Yo, por mi parte, intentaré que no me suceda lo mismo.

Nos vemos en la red, que es más que no verse en ninguna otra parte.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Cosas que no soporto

Voy a ir enumerando cosas que me ponen de los nervios en mayor o menor grado. Ese tipo de cosas que llevan asociada la frase "no hay cosa que más me moleste que..." (un, dos, tres, responda otra vez):
  • que la gente no empuje la bolsa de basura para que entre bien en el cubo amarillo; este punto tiene un anexo: que la gente baje bolsas de un tamaño que saben que ni de coña entra en el agujero del cubo amarillo.
  • que los peatones caminen por los carriles bici, ignorando los 3 metros de acera que tienen al lado. Habría que verles la cara si a los coches les diera por circular normalmente por la acera.
  • que la gente que va con el portátil a la biblioteca no desconecte el altavoz, o al menos el sonido de windows que retumba en toda la sala. Eso, junto con la nueva moda de llevar el móvil como el loro de los años 80, es algo que no acabo de entender.
  • que los fumadores tiren las colillas al suelo (¿en su casa las tiran también al suelo?). Es como la gente que pone los pies en el asiento de enfrente en los trenes y buses.
  • que la gente se compre coches sin intermitentes... ah, no, que los coches sí que llevan intermitentes, pero es mejor circular como si estuviéramos en los coches de choque: volante, freno, acelerador...
Es tarde y esto es todo lo que doy de sí a estas horas, así que según me vayan viniendo a la cabeza más cosas que me repatean, habrá segunda y sucesivas partes de esta mirada.

miércoles, 26 de enero de 2011

Jorge

Si hace algo más de dos años fue Andrea la que tuvo un hueco en este rincón personal de mi observatorio, Jorge no iba a ser menos.

Hace ya 8 días que está con nosotros y, aunque parezca mentira, he tenido que trasnochar para abrirle una mirada, pero aquí está, guapo como es, bueno, dulce en el llanto, un amor. Un ángel, mi príncipe valiente, y la cuarta pata para esta familia maravillosa de la que cada día me siento más orgulloso.

Bienvenido, hijo.


miércoles, 5 de enero de 2011

Cambio de año

Se fue 2010, llegó 2011, y por arte de magia, en un solo día todo cambia. Se acaban las penas, y me cambia la cara.

Pienso en 2010 como si fuera un bote de pintura blanca al que caen un par de gotas negras; parece mentira, pero la blancura ya no es tal (obsérvese que al contrario no suele suceder: dos gotas blancas en un bote de pintura negra son literalmente devoradas). Podría decir que el pasado año ha sido estupendo si fuera capaz de pasar por alto el fallecimiento de mi madre y la lesión que me tuvo en el dique seco todo el verano; esto último quizá tiene poca importancia, lo primero creo que es más que una simple gota negra...

La cuestión es que yo, al igual que mucha gente, soy así: dan las doce campanadas y hago borrón y cuenta nueva con la esperanza de que el cambio de un dígito en el año se lleve todo lo malo y traiga sólo cosas buenas. Me recuerda a esa pregunta típica del día de cumpleaños: "bueno, ¿qué se siente al cumplir los ....?" que casi siempre tiene la misma respuesta, bastante lógica por otra parte: "pues nada especial, lo mismo que ayer cuando tenía un año menos".

Sea como fuere, me agarro (nos agarramos) a lo mínimo que pueda suponer un cambio de tendencia. Llevaba días deseando cerrar el 2010; ya han pasado 5 días del nuevo año, y me conformo con decir que hasta ahora las cosas van bien. Tengo muchas esperanzas depositadas en el año que ha comenzado (nacimiento de Jorge, oposiciones...), y espero que no haya mancha negra capaz de emborronarlo.

Por lo pronto, esta noche y mañana pienso disfrutar todo lo posible de la fiesta de los Reyes Magos.

Feliz 2011, por fin.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Tolerancia de un solo sentido

Oír para creer: un juez en Italia dicta sentencia sobre el caso de la hija de un imán musulmán que no quería que ésta fuera a las clases de música del colegio, ya que considera que lo que allí tiene que escuchar es música de infieles.

¿Qué cuál es la sentencia? Agárrate que vienen curvas: el juez decide que la niña tiene que asistir a las clases junto con el resto de sus compañeros -hasta aquí todo normal, es su obligación- pero en las clases de música los padres irán a taparle los oídos.

No me quiero extender, porque seguro al final se me malinterpreta, pero baste decir que aquí sucede lo contrario al dicho popular "si la montaña no va a Mahoma..." Está claro que para algunos la montaña siempre tiene que ir a Mahoma.

Como decía el locutor, "qué dirá el padre cuando a la niña le toque estudiar la Divina comedia de Dante, y se entere de que el autor envía a Mahoma al infierno".

(No he conseguido encontrar en internet referencias a la noticia, pero de verdad que la escuché el día 8 de diciembre en el informativo del mediodía de RNE)

viernes, 17 de septiembre de 2010

Eritroaféresis

Vaya palabra más rara para titular una mirada, ¿verdad? ¿Te suena acaso la palabra aféresis?

Hace ya bastantes años que soy donante de sangre. No sé si sabrás que los hombres podemos donar hasta 4 veces al año, y si no me equivoco las mujeres hasta 3 veces. Es algo que no cuesta nada, que es un gesto pequeño y, aunque suene a frase hecha, es cierto que supone mucho.

Llevaba todo el verano queriendo donar sangre, pero por una u otra razón, a fecha de ayer no lo había hecho aún. Así que aproveché que por la tarde iba a haber una unidad móvil de Cruz Roja junto al intercambiador de Moncloa para hacerlo por fin.

En un principio, todo normal: doy mi DNI, comprueban mis datos en la base de datos, me dan el cuestionario de siempre, y a continuación, entrevista con el médico. Aquí cambió el tema: cuando vio mi presión sanguínea y sobre todo el nivel de hierro en sangre no perdió un segundo en preguntarme si había oído hablar de la aféresis.

Pues sí, había oído hablar, algo me sonaba, aunque nunca había donado aféresis. Sabía que consiste, a grandes rasgos, en donar no toda la sangre, que es lo habitual, sino sólo determinados componentes aislados (plaquetas, glóbulos rojos, ...) devolviendo el resto al donante una vez terminado el proceso. Y también sabía que suele durar bastante más que una donación normal.

En este punto tengo que decir que el médico me la coló un poquito doblada, porque me dijo que en lugar de los 10 minutos de una donación habitual, tardaría 20 minutos, y bueno, pensé que no había mucha diferencia. La realidad fue distinta, y estuve en el autobús casi una hora, aunque tampoco me importó, porque no llevaba prisa.

Lo que yo hice concretamente fue una eritroaféresis, que consiste en donar únicamente glóbulos rojos. En este caso, se donan más o menos el doble que en una donación normal. Lo que se consigue con esto es evitar la mezcla de glóbulos rojos de distintos donantes en pacientes con problemas especiales (leucemia, por ejemplo) que suelen desarrollar rechazo. Si la donación proviene de un mismo donante, el resultado suele ser mejor.

Lleva más tiempo porque tienen que preparar la máquina, que es distinta, ya que tiene que separar los glóbulos rojos y devolver al donante el resto de la sangre. El proceso es un poco distinto porque la aguja es algo más fina, en lugar de abrir y cerrar el puño te dan una pelota de goma para evitar que al hacer demasiada fuerza la vena se rompa, y además te colocan un manguito como los de medir la tensión, que te marca cuándo tienes que apretar - aflojar la pelota o relajar la mano. Hay como cuatro fases, que yo completé en aproximadamente 22 minutos (la media está entre 20 y 30 minutos, y yo afortunadamente soy de los que donan rápido y nunca he tenido problemas, salvo una vez que me pincharon mal, pero bueno, sólo fue una).

Durante el rato que estuve no entró demasiada gente, la verdad, sobre todo teniendo en cuenta que por el intercambiador de Moncloa pasa muchísima gente. Los que subieron fueron todos hombres (curioso), y en hora y media que llevaban cuando yo me fui creo que habían donado 10 personas.

Respeto a la gente que le tiene miedo a las agujas, que pasa mal rato, o que por cualquier otra razón no dona. Lo respeto, de verdad. Pero hay mucha gente a la que seguramente le da igual, y le llevaría sólo 15 ó 20 minutos de su tiempo donar sangre. Quién sabe si un día no van a necesitar ellos o sus seres queridos una transfusión que sólo es posible si hay gente que da un poco de su sangre y de su tiempo para que otros puedan seguir viviendo.

No es algo que haces para ti o tus seres queridos; es algo que haces para los demás vivan.

Un pequeño documental...



www.donarsangre.org


jueves, 10 de junio de 2010

Otra serie que se va

Hace sólo unas semanas se emitió el último capítulo de Perdidos, una serie que he seguido de manera intermitente durante los últimos 5 años. Después de 6 temporadas y un montón de capítulos, idas y venidas, el final era algo deseado, aunque no puedo negar que resultó decepcionante.

Pero no es de Perdidos de lo que va esta mirada, sino de Pelotas, una serie made in Spain, no tan mediática ni tan de culto como aquélla, pero que a mí me enganchó casi desde el principio, y que tiene en común con Perdidos el hecho de que ha concluido su emisión.

Si no la has visto nunca, se trata de una serie con un reparto coral que gira en torno a un modesto club de fútbol, la Unión. Siempre he pensado que Corbacho y Cruz, los guionistas de la serie, acertaron haciendo que el nexo entre los personajes fuera algo tan seguido en España como es el fútbol, pero parece que esa mayoría futbolera que llena este país no se enganchó a esta serie.

Cuando terminó la primera temporada, pensé que no seguiría, pero mira tú por dónde me llevé la sorpresa al saber que sí, que habría segunda temporada. Desde mi punto de vista la serie se había estabilizado en cuanto a sus distintas tramas, y lo digo en el buen sentido. Creo incluso que nuevos personajes y situaciones hacían que mereciese la pena pasar un rato frente al televisor todos los lunes por la noche.

Y de golpe y porrazo llega TVE y se carga la serie. Sin más. Explicaciones no he visto ninguna. No creo que fuera un tema de audiencia, porque en ese caso se hubiera intentado recolocarla en otro espacio de la parrilla, pero no. Ellos sabrán por qué lo hacen; yo, desde luego, no. Y lo siento, porque creo en la apuesta que esta nueva televisión pública está haciendo por la calidad en muchos de sus programas y series. Pero está visto que tiene más tirón un culebrón tipo La Señora, Herederos o Gran Reserva. Hablando de esta última, tiene gracia que ahora van a rescatar Guante blanco, una serie que hace tiempo vendieron como la serie de la temporada, y que tardaron poco en retirar. Digo que tiene gracia porque a pesar de ser anterior, para intentar venderla hacen referencia a que es de los creadores de Gran Reserva.

Volvamos, para terminar, a Pelotas. Mi más sincero agradecimiento a todo el equipo de la serie, que me ha hecho pasar las noches de los lunes de lo más entretenido. Ojalá algún día vuelvan al campo.


jueves, 11 de marzo de 2010

Otra más en el bus

Está claro: muchas veces las situaciones se ven de forma radicalmente opuesta según el lado en el que le toque a uno estar.

La historia ha sucedido en el bus. Normalmente voy sentado, pero hoy me ha tocado ir de pie. El autobús venía lleno desde un pueblo cercano, y no ha habido más remedio que aguantarse. Hasta ahí, todo normal.

Me he quedado de pie en la parte trasera del autobús, a la altura de una mujer que no hacía más que aspavientos, resoplaba y se quejaba por cada parada que hacía el conductor. Yo la miraba, y aunque inicialmente me daban ganas de contestar a sus quejas, al rato me ha dado por pensar que otros días soy yo el que muestra una actitud similar (quizá sin tanto aspaviento). Además, a eso hay que añadir algún dato que tengo la impresión de que esta mujer desconocía, y que de haber sabido seguramente hubiera provocado en ella otra reacción. Me explico.

Teóricamente el autobús no debe llevar pasajeros de pie, pero los lleva. Según el día y el conductor, sube gente de pie o se queda en tierra. Bien, hasta ahora esto era así, y muchas veces los conductores pasaban de largo, con el consiguiente cabreo de los usuarios que esperamos en la parada. Pero el martes pasado oí al revisor recordarle al conductor que desde ese día estaban obligados a entrar en la vía de servicio (una de las paradas está en una vía de servicio en la que no entran cuando no tienen plazas o hay otro autobús que entra inmediatamente antes) así que supongo que además de eso, ahora deben parar en todas las paradas en las que haya viajeros esperando, e informarles de que no llevan plazas disponibles o que van a tener que ir de pie, y que cada cual decida.

Por eso digo que todo depende de en que lado le pille a uno la situación, y sobre todo de cuánta información disponga, porque muchas veces nos lanzamos a emitir juicios e incluso sentencias sin tener toda la información. Y así nos luce el pelo.

Por cierto, en Las Rozas he tenido suerte, se ha bajado gente y me he sentado. Sin aspavientos.

martes, 23 de febrero de 2010

Bicis

Cada vez se ven más carriles bici. En la Ciudad Universitaria, donde yo trabajo, hace no muchos meses que lo han abierto/reformado, y muchos otros lugares ya disponen de este espacio RESERVADO para las bicicletas (y entiendo que para otros medios de transporte a ruedas no motorizados, tipo patines, patinete, monopatín, etc).

RESERVADO. Insisto. Somos la leche, lo siento. Nos encanta llevar la contraria. Nos falta tiempo para quejarnos de tanto asfalto, de tanto coche, de qué bueno sería que hubiera más aceras y más carriles bici... ¿para qué? Para que el carril bici se inunde de peatones. Sí, de peatones. Parece que como está pintado de otro color y es nuevo, es mejor ir andando por el carril bici. Y no será por falta de acera; porque otra cosa no, pero aceras hermosas en Ciudad Universitaria no faltan. No veo yo a la gente caminar por en medio del asfalto de la Avenida Complutense (a ver quién es el valiente) ¿Por qué no hacer lo mismo con el carril bici?

También es verdad que a veces se ve lo contrario: bicis circulando por la acera, con el carril bici al lado. Mal, en cualquier caso.

Cada vez que veo esto me doy cuenta de que no estamos preparados para ciudades con bici, como sucede en otros países e incluso ciudades de España. Y es una lástima, porque si algo le falta a Madrid es llenarse de bicis. Pero habrá que esperar de momento a que el carril bici se despeje un poco de peatones.

Dejo un enlace a una entrada en un blog donde se habla del carril bici de Ciudad Universitaria cuando estaba a punto de acabarse. Las fotos son de lo más ilustrativo.

Se me olvidaba: por si te lo preguntas, no, no voy a trabajar en bici, aunque ya me gustaría, ya. Soy peatón, e intento ir por la acera...


martes, 20 de octubre de 2009

B.S.O.

7:30 a.m. Estoy llegando al trabajo. Todavía es de noche, y en mis auriculares empieza a sonar "I'm yours" de Jason Mraz, que es un tema que últimamente me gusta mucho escuchar. Y de repente parece que estoy metido dentro de un videoclip. Todo encaja con la música: mis pasos, mi respiración, un par de hojas que caen de los árboles... me olvido de todo durante un instante y realmente disfruto del momento. Sé que sólo va a ser eso, un momento, pero nadie puede ya arrebatarme esa sensación de que todo encaja. No hace falta forzarlo, sale solo.

¿No te ha pasado nunca eso de ir en el bus, en el coche, en el tren, y que de repente empiece a sonar una canción y parezca que todo forma parte de un guión?


jueves, 13 de agosto de 2009

Velocidad (conductores vol. 2)

Como ya contaba en la mirada anterior, soy conductor más por necesidad que por gusto. Normalmente voy al trabajo en transporte público, pero ahora en verano estoy aprovechando para bajar en coche al trabajo y ahorrarme así algo de tiempo (una media hora en total).

Una de las cosas que me gusta hacer cuando voy solo en el coche es observar los comportamientos de la gente al volante. Como es de esperar, se ve de todo, y no necesito remontarme muy lejos, tan sólo entre ayer y hoy he visto cosas que son para dar de comer a parte...

Gente que se nota que para ellos los espejos son algo tan prescindible los intermitentes. Muchas veces digo en broma que dentro de unos años la evolución natural llevará a que los coches no tengan intermitentes, dado que mucha gente no los toca, o los toca cuando ya no tiene sentido (¿o tiene lógica ponerlo cuando ya has tomado la salida correspondiente de la autopista pero no antes?)
Dos ejemplos de ayer mismo: un conductor que parecía borracho, pues se metía en el carril de la izquierda sin mirar y cuando se daba cuenta de que venía disparado un coche por ese carril daba un volantazo para volver al de la derecha, y un señor mayor que a bordo de un C5, tan señorial él, se cambió de carril delante de mis narices y sin poner el intermitente, obligándome a frenar. ¡¡Olé tus h...!!

Lo de ir por cualquier carril distinto del derecho es otro tema para hacer una tesis completa. Esto parece la colonización del carril-que-no-sea-el-derecho. Se plantan ahí, y ahí se quedan. Da igual si van a 100 o a 90 o a la velocidad que sea por la autopista; ese es su carril y de ahí no les mueve nadie. Que los demás esperen su turno. Y claro, los demás les tienen que adelantar -mal hecho- por el carril de la derecha.

Luego están los cagaprisas del zigzag, o el que como esta mañana, estaba nerviosito por adelantar y no ha tenido reparo en superar de una vez a 5 o 6 coches por una carretera secundaria, pasándose en bastantes metros la señal de prohibido adelantar.

Podría seguir así indefinidamente, porque hay mil comportamientos al volante. Como decía mi profesor de autoescuela, sabemos circular, pero de ahí a saber conducir...

Por último quería hablar acerca de la velocidad. Yo normalmente me desplazo en el Ibiza que tenemos desde hace 8 años; el Altea apenas lo cojo. Pero es con este último con el que puedo comprobar las oscilaciones de velocidad que tenemos sobre todo en autopista.

Resulta que este coche trae un regulador de velocidad, que permite ir a velocidad constante sin tener el pedal en el acelerador. Compruebo así cómo la gente pasa de ir varios kilómetros por hora por encima del límite permitido, y luego al rato les adelanto (y no me refiero a una cuesta) a una velocidad que me hace preguntarme si el conductor no se estará durmiendo.

Todo esto viene porque tengo visto y comprobado que la velocidad es algo contagioso, y la que llevan los coches de alrededor acaba determinando la que en un momento dado adquirimos nosotros. A veces parece como si nos incomodara llevar durante varios kilómetros el mismo coche delante, y nos falta tiempo para adelantarle, aunque para ello tengamos que superar el límite permitido.

Puedes ir a 100 km/h y parecer que vas como una tortuga o al revés, según la velocidad que lleven los de al lado. Yo llevo una temporada intentando respetar casi a rajatabla los límites de velocidad, y tengo que reconocer que es algo muy recomendable, aunque no tan contagioso como la velocidad.



martes, 21 de julio de 2009

Conductores

Hace más de ocho años que me saqué el carné de conducir. No me considero para nada un buen conductor, y si conduzco lo hago por un sentido práctico. Más allá de la estética o de otro tipo de consideraciones, para mí el coche sólo es un medio de transporte más que en muchos momentos me facilita la vida. Si puedo elegir, prefiero ir en otro medio de transporte o que sean otros los que conduzcan. Y también sé que, como les sucede a muchos, conducir saca lo peor de mí.

Pero hasta cierto límite.

Cada cual tiene su forma de conducir, con sus miedos, sus inseguridades, o justo lo contrario, con su arrojo o su valentía. Para mí no es raro utilizar varias veces mientras conduzco la palabra huevón/huevona para referirme a un conductor o conductora que va por la carretera con excesiva tranquilidad, o que parece ir con cierto grado de empanamiento al volante. Pero todo queda ahí, alguna exclamación, y al final paciencia, porque no queda otra.

Porque no queda otra, y porque nadie sabe qué hay en la cabeza de la persona que conduce el coche que va delante. Seguro que yo hago cosas que el que va detrás mío considera de huevón. Hastá aquí todo correcto. Lo comido por lo servido.

El problema se presenta cuando el que viene por detrás va un paso más allá, como me sucedió hace unos días.

Entré en una rotonda de estas malas, malas, con dos carriles en los que nos metemos coches que venimos de tres carriles distintos. A mí me tocó llegar por el del medio. Salí con cuidado de no comerme al que venía por mi derecha, pero parece que me quedé un poco en medio y debí molestar a algún coche que venía por mi izquierda, al que no había visto previamente. De repente empecé a oír una pitada enérgica; pensé que no era por mí, y seguí hasta la siguiente salida, que es la que me tocaba coger. Pero la pitada seguía.

Cuando ya me había salido de la rotonda, me encuentro con que el coche que pitaba sigue haciéndolo y se me echa encima, cerrándome el paso. Me asusté y tuve que frenar bastante. Después de unos metros así, el BMW (¿te gusta conducir?) siguió su camino a toda velocidad y yo intenté reponerme del susto como buenamente pude, alucinando, por supuesto.

Sigo sin entender que pueda haber gente así. Como ya decía en otra mirada, no basta con intentar conducir de la mejor manera posible (si bien en este caso reconozco que posiblemente mi maniobra fue de todo menos correcta), sino que hay que cruzar los dedos para no encontrarte con uno de esos locos al volante que piensan que su coche es un fórmula uno y que son pilotos profesionales, que la autovía es el circuito de Montmeló, y que tú eres un obstáculo en su carrera de turno.

Lo peor de todo es que muchas veces esas personas tienen la suerte de librarse de radares, multas, etc. o directamente pasan de todo, y el resto tenemos la mala suerte de tener que compartir calzada con ellos.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Ediciones especiales

Seguimos con temas relacionados con la música.

Piratería. Derechos de autor. Canon. Son palabras que se oyen mucho en medios, presentaciones de discos, entrevistas a artistas...

Es un tema complicado, sí. Hay visiones para todos los gustos. Muchos artistas enarbolan la bandera contra la piratería, en defensa de sus derechos de autor. Legítimo, por supuesto. Otros menos mediáticos se adaptan a los nuevos tiempos y en menor o mayor medida hacen bueno eso de "si no puedes con tu enemigo, únete a él".

La tecnología ha evolucionado, y esto de la piratería no es lo que era. Hemos pasado de las cintas grabadas que te vendían por la calle o en los mercadillos al P2P pasando por el topmanta repletito de CDs. Pero a mí me gustaría saber si todos estos artistas heridos que defienden a capa y espada un canon que mete a todo el mundo en el saco de los delincuentes han comprado toda la música que han escuchado durante su vida o si, como hemos hecho tantos, se han grabado en un cassette tal o cual disco que se había comprado un amiguete. Para mí es exactamente lo mismo, sólo que cambia el formato, y que el efecto es mucho más exponencial.

Como decía antes, algunos artistas se las ingenian para dar valor añadido a sus trabajos, y me parece genial. Otros sólo quieren difundir su música y cuelgan gratis sus canciones en distintos sitios. Que me baje música vía P2P no significa que compre menos CDs originales.

Pero con esto de los CDs hay un asunto que me repatea, y mucho. Es el tema de las ediciones especiales. Sí, esas que salen a la venta unos meses después de haber sacado la primera edición del disco, y que suelen incluir las mismas canciones, más algún extra en forma de tema inédito, DVD, o cualquier otra cosa que justifique el adjetivo "especial".

A MÍ ME PARECE UNA FALTA DE RESPETO. Sí, una falta de respeto a la gente que con toda la ilusión del mundo se compra el mismo día que sale a la venta el disco que tanto tiempo ha esperado escuchar de su artista o grupo favorito. Resulta que al cabo de unos meses sale una edición mejor, pero que coincide en un porcentaje alto con el álbum original. ¿Y entonces qué? ¿A comerse el primero con patatas? ¿A renunciar a los contenidos extra de la edición especial por haber sido un fiel seguidor?

He llegado a la conclusión de que al final casi es mejor descargárselo primero, escucharlo, y si con el tiempo sale una edición especial e interesa, comprarla. Lo siento, pero en este tema lo tengo claro: no al cánon y no a las ediciones especiales tal y como están concebidas ahora. Sí a la imaginación y al respeto a los seguidores.


viernes, 5 de septiembre de 2008

Andrea, por fin

Hoy no me voy a perder en las palabras. Basta una imagen y lo que me sale de dentro.

Andrea. Preciosa. Nuestra niña. Nuestra bichiya.
Ya está aquí.






viernes, 29 de agosto de 2008

Sólo canciones


Huyo cada vez más de los dogmatismos de cualquier tipo, de las frases que intentan sentar cátedra y más aún en lo que a gustos se refiere. Huyo de quienes las pronuncian e intento no ser parte de ese grupo.

Esta declaración de principios, aparentemente muy genérica y contradictoriamente tajante es la que quiero que sirva de base para esta mirada de hoy. Realmente es una mirada que empecé hace más de un año, pero como los canciones o cualquier obra de arte, algunas tardan más en salir que otras.

Al igual que sucede en casi todas las facetas artísticas, es complicado medir la bondad o no de una determinada pieza musical, sea del estilo que sea. No sé si existe alguna forma de hacerlo más allá del criterio personal de cada uno; imagino que algún entendido podrá llevarme la contraria. Pero más allá de unos mínimos que el común de los mortales entendemos como algo que supera los umbrales del ruido, está claro que cada uno tenemos nuestros gustos.

Como decía un amigo "sobre gustos no hay nada escrito, pero habría que ir escribiendo" O no. Oye, que cada uno tenga sus gustos, que para eso son suyos. Yo, en cuestiones musicales no me caso con nadie. No puedo decir que me guste todo, pero sí que me gusta de todo. No endioso a ningún artista, e intento no despreciar a ninguno (aunque a veces es complicado). Para mí, al final lo que cuentan son las canciones tal y como llegan a mis oídos.

Antes decía que no sé si existe una manera de medir la bondad de una canción, pero he de reconocer que yo sí tengo mi particular registro de canciones que merecen un lugar destacado en mi vida. Da lo mismo que sea de los Beatles, de Fito, de Bisbal, de un artista desconocido o de Antonio Machín; si al escucharla me produce un escalofrío, agradable por supuesto, esa canción pasa sin remedio a mi lista de grandes éxitos. Y no hay más, porque al final son sólo eso, canciones que a fuerza de acompañarme forman parte de la banda sonora de mi vida.

No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que todos tenemos nuestra particular banda sonora, y se trata de algo único, personal, y yo diría que intransferible. Ni mejor ni peor que la del resto.



jueves, 28 de agosto de 2008

Comunidad vol. 2

Hace ahora casi dos años te abrí una ventana a mi comunidad de vecinos. Sigo en la misma, y básicamente seguimos siendo los mismos, con las mismas problemáticas. En estos últimos días se está fraguando incluso una especie de golpe de estado, o más bien golpe de comunidad, para la remoción del presidente (sí, sí, remoción es el palabro técnico que se emplea para expresar que le vamos a echar).

Pero no es de eso de lo que quiero hablarte hoy. Lo que quiero contarte es que en estas últimas semanas ha cambiado la visión que tengo de muchos de mis vecinos. Es lo que tiene esto del verano, de salir a la piscina y poder compartir tiempo, conversaciones, paseos, juegos, piscinas y demás con ellos y con sus hijos, y que han hecho que la mayoría de los días no los pase en casa aplatanado, tirando las tardes libres de la jornada de verano que ya está a punto de acabar. No, eso ha quedado ya para la historia.

Ahora lo que se lleva es salir a nuestro reducidísimo trozo de césped y pasar la tarde entre baño y baño con los vecinos. Piscinita, algún partido de pádel, mucha charleta, mucho niño corriendo de un lado para otro y sobre todo mucha alegría y familiaridad.

Sí, cada cual somos de nuestro padre y de nuestra madre. Pero la sensación es de total normalidad, en contraste con esas crispadas reuniones de comunidad. Ahora conozco a la gente por su nombre y no por el portal en el que viven y puedo, como ayer, compartir con ellos un larguísimo apertivo que se hizo comida, sobremesa, mus, merienda y por poco cena, y todo ello en el mismo sitio, junto a la piscina. Aunque seguirá abierta hasta el día 15, mañana cerraremos la temporada; primero con una chocolatada de merienda para los niños, y después con una cena de picoteo para todos.

Si hace dos años me preguntaba cómo poner de acuerdo al mundo si parece poco menos que imposible hacerlo con 70 vecinos, hoy tengo que abrir una ventana bien grande a la esperanza porque incluso dentro de esa multitud que aparentemente no se entiende es posible encontrarse formando parte de una pequeña-gran familia.

¡Olé por mi comunidad!