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lunes, 21 de marzo de 2011

Libros imprescindibles

Ayer mi cuñado le regaló a mi suegro con motivo del día del padre un libro titulado "Los 1001 libros que debes leer antes de morir", o algo así. Antes de eso, nos había preguntado e iba anotando los títulos de libros que nos hubieran gustado mucho. Es curioso comprobar que muchos de esos libros que dijimos no aparecían en esa recopilación, o ni tan siquiera su autor.

Pensaba yo en la cantidad de libros que he leído de los que ya no recuerdo ni el título ni el argumento, y la cantidad de imprescindibles que ni siquiera me he planteado probar a leer. Lo cierto es que algunos de esos denominados clásicos de la literatura los veo muchos días cuando voy a la biblioteca a estudiar, y tengo un sentimiento contradictorio, porque en principio no me apetece demasiado, pero siento curiosidad, dado que figuran en muchos sitios como obras maestras de recomendable lectura. Me sucede un poco lo mismo con las películas, parece que a priori siempre me llama más la atención ver una película reciente que no una de hace varias décadas, cuando en realidad, si lo pienso, he visto bastantes películas antiguas que me han gustado (El golpe, Sonrisas y lágrimas, El mago de Oz, ...)

Últimamente leo más bien pocos libros, en comparación con otras épocas. No saco tiempo y tampoco encuentro libros que me enganchen. De hecho uno de los últimos que cogí de la biblioteca lo dejé al cabo después de leer una centena de páginas por puro aburrimiento, y otro por falta de interés en el argumento. Tengo empezado uno de Vargas Llosa que me trajeron los Reyes este año, pero tampoco termina de engancharme. No sé si se debe a mi estado de nerviosismo general por las inminentes oposiciones, aunque espero que cuando estas pasen pueda retomar la lectura, quién sabe, de unos cuantos clásicos que sí aparecen en esa recopilación.

lunes, 16 de julio de 2007

Un libro me conecta a ti

Reconozco ese punto cotilla que me hace posar sin remedio la mirada en lo que van leyendo las personas que tengo cerca cuando viajo en el tren o en el metro. Da igual si se trata de un libro, una revista, el periódico, o de hojas sueltas. No importa, allá que voy yo con esa vena curiosa tan typical spanish.

Tiene gracia que lo haga, porque a la vez soy de esas personas a las que les molesta notar la mirada del vecino fija en lo que voy leyendo; y me giro disimulando mientras pienso "cómprate el libro, macho, y sales de dudas".

A veces creo que este vistazo a lo que una persona lee me abre un cachito de su alma. No siempre es así, pero me agrada pensar que se puede saber más de una persona a través de lo que está leyendo.

Lo que más me gusta de esta situación es encontrarme con una persona que va leyendo un libro que yo he leído ya. Es como si por la gracia de un libro estuviéramos conectados. Me produce especial placer reconocer el libro sin necesidad de ver el título, tan solo echando un vistazo a un trozo de la página que tiene abierta. En ese momento pienso en lo que ese libro me transmitió, si me gustó o me dejó indiferente; me fijo en la parte por la que va y pienso "no sabes lo que te espera" o "ya verás qué final".

Y así, sin quererlo, y por un instante, un simple libro me conecta a ti...

Imagen obtenida de esta web