viernes, 2 de diciembre de 2016

Otra de contrastes

Anoche mismo me iba a la cama con el corazón contento, como diría la canción, gracias a la madre de una compañera de clase de mi hijo. Ha salido adelante después de una leucemia y su lección de vida ha sido realmente impactante, al menos para mí. Es un claro ejemplo de cómo la vida te da la vuelta y afrontas cada día como si fuera el último; pero de verdad, y no como hago yo, que de vez en cuando me lo digo a mí mismo y lo intento... pero al poco tiempo la rutina obra en mí un efecto amnésico total. Una vez que ha superado la enfermedad se ve su agradecimiento, optimismo y ganas de vivir en cada una de sus palabras.
 
Y frente a esta inyección de energía, la constatación -porque no me atrevo a calificarlo como certeza- de que este mundo no está bien, y de que cada uno vamos a lo nuestro. Última muestra esta mañana en el autobús camino al trabajo...

Desde hace unos días tengo una mano escayolada a causa de una rotura en un dedo, y haciendo uso de mi derecho, me siento con tranquilidad en los asientos resevados para ancianos, embarazadas, etc. (al menos el dibujo me ampara ;-)) La cuestión es que hoy me he sentado en uno de esos asientos y frente a mí tenía, ocupando también asientos reservados, a dos mujeres que aparentemente se encontraban bien, una más joven que la otra. 

La cuestión es que al poco de sentarme ha subido una chica con problemas visuales, que portaba el clásico bastón blanco. He visto claramente que las dos mujeres sentadas frente a mí la miraban sin inmutarse, y volvían cada una a lo suyo. Podría haberme levantado yo a ofrecerle mi sitio, pero mientras esperaba a ver si alguna de las dos lo hacía, una mujer al otro lado del pasillo se ha dirigido a la chica del bastón, que amablemente ha rechazado su ofrecimiento para sentarse. Tan sólo dos paradas más adelante, una de las dos mujeres sentadas frente a mí se ha bajado del autobús, lo cual no ha hecho sino aumentar mi asombro ante lo que desde mi punto de vista ha sido una falta de educación y un claro ejemplo de que sólo miramos por lo nuestro. Triste.

Por cierto, que la chica del bastón ha terminado sentándose en uno de los sitios frente al mío. 

Venga, ahora a seguir cada uno a lo suyo.

jueves, 27 de octubre de 2016

Dos a cambio de uno...

Anteayer por la tarde recibí -vía Whatsapp, que es lo que toca en estos tiempos- la noticia del nacimiento de María e Inés. La alegría que de por sí me produce un nacimiento, después de haber asistido a los de mis hijos, es si cabe mayor cuando los llegados son hijos de amigos, como es el caso. 
Ayer por la mañana, durante la misa a la que asisto algunos días en la capilla que hay en mi lugar de trabajo, daba gracias a Dios por este feliz acontecimiento, y durante un instante fugaz pensaba a la vez en las personas que ese día dejarían de vivir, sin sospechar que apenas un par de horas después me enteraría -esta vez vía correo electrónico- de que un compañero de trabajo, Pablo, acababa de fallecer. 
Yo no llevo en este sitio tanto tiempo como para haberle conocido en profundidad. Pero siempre le he visto como una persona respetuosa, de un trato muy amable y educado. En resumen, buena gente. Y por lo que he podido oír en las últimas horas, todo el mundo -de verdad- le estimaba. 
Esta mañana no podía evitar pensar si Dios, o el Destino, o la Naturaleza han querido compensar una pérdida así con un doble nacimiento. Sea como sea, bienvenidas Inés y María; descansa en paz y en nuestro recuerdo, Pablo.

domingo, 21 de julio de 2013

Nueva colección

Mes de julio, mes de rebajas por excelencia. Siempre me he considerado más un comprador de rebajas que de temporada, y es algo de lo que no me avergüenzo, sino todo lo contrario. Es cierto que comprar en rebajas siempre supone ir un poco por detrás en cuestiones de moda pero, sinceramente, me importa bien poco ese retraso de tres meses, seis meses o un año porque la moda te la marcan, sí, pero al final la decisión es de cada uno. Prefiero vestirme por mucho menos dinero y pensar que mi moda la marco yo, más o menos, porque también es cierto que en rebajas hay menos donde elegir y muchas veces hay que conformarse con lo que le queda a uno, que en ocasiones incluso da la casualidad de que coincide con lo que se iba buscando.

Y ahora, después de todo este rollo, vamos al título de esta ventana: nueva colección. Hasta ahora no recuerdo asociar esas dos palabras sino con la ropa que antes o después compartía espacio con la de rebajas, pero que pertenecía ya a la nueva temporada por llegar (en el caso de las rebajas de verano, la nueva colección se refería a la temporada de otoño, como es lógico). Sin embargo parece que eso ha cambiado, y ahora intentan colocarnos ropa de temporada, a precio de temporada, en plenas rebajas. Y me parece estupendo... bueno, no. ¡Qué narices! Para nada me parece estupendo. Ya me parecía una sobrada que antes de llegar agosto, en plena ola de calor, estuvieran colocando los jerseys, camisas de entretiempo, pantalones largos, parcas, abriguitos... lo cual significaba que cada vez había menos sitio para encontrar el chollo que siempre iba buscando, como para encima tener que dejar sitio también a ropa de temporada a precios de antes de las rebajas. Menuda gracia, oiga. 

Aquí se trata de reinventarse o morir. Dentro de poco decidirán que las rebajas duren un día.... ¡qué estrés! Y claro, las rebajas de esa nueva colección ¿para cuándo, para el año que viene? Quizá con el auge del fenómeno outlet ni siquiera haya ya rebajas. ¡Oh, my god! ¿Qué será de mí?

Por favor, señores de las tiendas, devuélvanme mis rebajas de toda la vida, aunque duren algo menos...

(Por cierto, este año las rebajas me han resultado la mar de provechosas, a pesar de la nueva colección)

jueves, 7 de marzo de 2013

Como delincuentes


Como delincuentes. O al menos esa parece que es la imagen que tiene o quiere dar nuestro Rector de su personal de administración y servicios, de su personal investigador, de sus alumnos y en definitiva de esa comunidad UPM cada vez menos silenciosa que no está de acuerdo en cómo está gestionando nuestra universidad. 

No, no es una forma de hablar ni una expresión que se le haya escapado. Hoy muchos nos hemos acercado al Rectorado a pesar de la intensa lluvia, pero sobre todo a pesar de la prohibición que el equipo rectoral ha hecho de que su comunidad haga uso de un espacio que por naturaleza le pertenece -el Rectorado- para celebrar asambleas en las que precisamente no se aplaude la gestión que están llevando a cabo. Y lo que nos hemos encontrado es un Rectorado protegido como un fortín por los guardias de seguridad (Rectorado B)  y los antidisturbios (Rectorado A). Hasta 18 furgones de antidisturbios (hay gente que ha llegado a contar 22) para ... la verdad es que no sé muy bien qué palabra emplear: ¿coaccionar? ¿coartar la libertad de expresión? ¿meter miedo? ¿proteger al Rector y a su equipo de nuestro descontento? No sé cuántos antidisturbios podría haber, quizá más de 80 o 90, y nosotros, que veníamos armados con paraguas para guarecernos de la lluvia y silbatos para hacer audible nuestro descontento no habremos sido más de 400 o 500 personas en el momento de mayor afluencia. Eso sí, todos muy violentos y peligrosos. 

No sé si, tal y como se comentaba esta mañana, la factura de semejante despliegue de medios policiales la tiene que abonar la UPM a requerimiento de la Delegación del Gobierno. Si es así, la vergüenza que he sentido esta mañana se multiplicará por cuatro o por cinco pensando cómo malgastamos el dinero en esta universidad mientras está en juego el futuro de 301 personas ahora, y de muchos otros dentro de poco.

Mañana viernes a las 12 de la mañana, concentración y asamblea autorizadas en el mismo sitio.

Sigue la #UPMenLucha

La puerta de entrada al Rectorado A. Varias filas de antidisturbios

La avenida Ramiro de Maeztu, tomada por la Policía

Sólo se puede cruzar al otro lado por el paso de cebra...

La puerta de entrada al pasillo donde se encuentra el despacho del Rector. Como decían con humor en twitter, jornada de puertas abiertas en la UPM :-)

Mareas ciudadanas

El pasado sábado día 23 me uní a la marea ciudadana de Madrid. Bueno, en realidad la convocatoria se había denominado tsunami de mareas, ya que iban a partir de diferentes puntos de Madrid para juntarse todas en la plaza de Neptuno a las 18 horas. 

Ha habido muchas convocatorias de este tipo a las que me he quedado con ganas de ir, pero siempre hay algo que lo impide. En esta ocasión también tenía un compromiso social, pero las ganas y el impulso de todo lo sucedido durante esa semana en la UPM pudieron más y contando con la complicidad de mi otra mitad pude acercarme a la Gta de Embajadores para unirme a la marea verde y llegar hasta Neptuno.

Durante el recorrido, que hice con un compañero/amigo del trabajo y toda su familia -esposa, hijas y suegro- se respiraba tranquilidad y buen ambiente. El tiempo dio un respiro y la tarde fue soleada y menos fría de lo que se esperaba; además, el calor humano hace, y mucho.

Nosotros fuimos adelantando a muchos grupos, constatando la heterogeneidad de los que allí nos encontrábamos, empezando por la edad (de 0 a ...taitantos), la nacionalidad, la ideología, etc. En definitiva, mucha gente de origen diverso manifestando su descontento con la realidad actual para la que nuestros gobernantes sólo parecen tener la respuesta que interesa a tan sólo unos pocos.

En algunos momentos tenía la sensación de estar un poco perdido entre tanta diversidad, pero si lo pienso un poco mejor, se trata de algo muy grande que gente que poco o nada tiene que ver entre sí en lo que se refiere a su forma de pensar, a su realidad, a su trabajo (si lo tiene) se junte para gritar una vez más a los oídos sordos de quienes tienen la responsabilidad de dirigirnos que ya está bien, que no se puede cargar sobre nuestros hombros la culpa de algo que nosotros no hemos provocado. Que este camino sólo lleva al extremismo y a la desigualdad más terribles. Y si no, al tiempo.

Me pareció fenomenal que hubiera niños pequeños, pero siendo así ya no me pareció tan bien que se emplearan algunas expresiones malsonantes en ciertos cánticos que escuché. Creo que hay formas más ingeniosas de protestar con la palabra sin llegar al "que se metan por el culo la reforma laboral". Deberíamos pensar qué les estamos enseñando a nuestros hijos pequeños. (Tan sencillo como cambiarlo por "que se apliquen para ellos, que se apliquen para ellos la reforma laboral").



Tras esta pequeña crítica sólo me queda decir que la lucha sigue, que aunque mucha gente sigue instalada en el conformismo o se agarra a sus líderes porque es lo que toca, o no protesta porque piensa que no sirve de nada, creo que cada vez hay más gente harta  que está dispuesta a decir ¡basta ya! Que ahora sólo podemos ejercer nuestro derecho al pataleo, sí, pero aunque parezca que sirve de poco hay que hacerlo, porque es cierto aquello de "quien calla, otorga". Y no podemos callarnos para que luego digan que "una mayoría silenciosa, que no sale a manifestarse, está trabajando -el que puede- para sacar el país adelante". Como si los que nos manifestamos no lo estuviéramos haciendo, o intentándolo, porque cada vez resulta más difícil para muchos respirar; otros ni siquiera se han dado cuenta del olor a podrido.

Empezando la protesta (Ronda de Valencia)

La sanidad no se vende, se defiende

Cabecera de la marea proveniente de Embajadores

Estas cosas, en familia, mucho mejor :)

"¡Sa-ni-dad, pú-bli-ca!

En Neptuno la cosa estaba muy tranquila a la espera de todas las mareas

Frente a la Carrera de San Jerónimo, mucha más gente y furgones blindando el Congreso.

Otra de las mareas, bajando desde Cibeles

lunes, 25 de febrero de 2013

#UPMenLucha

Esta última semana ha sido muy intensa, con mucha información, desinformación, encuentros, emociones... 
Son muchas las cosas que he visto, vivido y sentido en estos días, y no me veo capaz de trasladarlas a unas pocas líneas, ni siquiera aunque pudiese escribir un libro completo. 

La situación es compleja, las personas implicadas muchas y como en todas partes hoy en día, con realidades bien diferentes. El cuento no tiene una versión única y cada cual resalta lo que le interesa. Así que prefiero no aburrirte con cifras y chismorreos. Eso sí, ojito con los medios, que como su propio nombre indica, siempre cuentan las cosas a medias, y nunca sabes qué mitad es la que se dejan sin contar.

La UPM está en lucha, y es algo que no pensé que vería. Nunca había asociado esta universidad al espíritu de lucha y unidad que he presenciado en los últimos días. Creí que era más propio de la Complutense o de la Autónoma, y que los ingenieros, que es lo que en su mayoría hay en la Politécnica, no miraban más allá de sus fórmulas y cálculos... Y en cierto modo, no me equivocaba, porque los más activos dentro de esta lucha no han sido precisamente los ingenieros o los que estudian para serlo, sino que hemos sido el personal de administración y servicios (PAS) y más aún los alumnos de INEF los que han encendido la mecha de esta bomba de relojería que es la paciencia o no sé si indolencia cómplice que hemos demostrado muchos.

Y ha sido ahora, cuando 301 personas con rostro, nombre y apellidos, compañeros y amigos nuestros, se ven al borde del despido, que hemos despertado para decir ¡¡hasta aquí hemos llegado!! Y es que es así: hasta que no nos pinchan donde de verdad nos duele somos capaces de comulgar con ruedas de molino, y así nos ha ido hasta ahora. Hasta ahora.

No es oro todo lo que reluce y no todo lo que he visto me ha gustado. Algunos han rebasado límites que pienso que no se deben traspasar si no se quiere perder la razón en lo que se defiende. Con todo y con eso, me quedo con todo lo bueno que ha sucedido estos días y que aún está por suceder.

Esto es sólo el comienzo.

#UPMenLucha
Encuentro informal con el director de la ETSI de Caminos

Primeras concentraciones en el Rectorado tras conocerse la cifra de 301 propuestas de despido

Concentración a la entrada al Rectorado

Asamblea informativa, aún todo por suceder

Concentración a la entrada de la ETSI de Caminos, Canales y Puertos: casi todo PAS, y algún alumno y PDI (los menos)

Pancarta en la fachada principal de la ETSI de Caminos: "Universidad Pública para todos. UPM en lucha"

Asamblea jueves 21: arriba muchos de los amortizados. Abajo, mucha gente, ya con presencia notable de INEF

El director del gabinete del Rector da la cara, y su versión, por supuesto.

Unos minutos antes, frente al despacho del Rector, pidiendo su dimisión o que saliera a dar la cara...

#UPMenLucha

viernes, 25 de enero de 2013

Treinta

Hace ya más de siete años que escribí el texto que ahora traigo a mi observatorio. Forma parte de algo que llamé "Treinta" y que pretendía ser un compendio de recuerdos deslabazados. Al final quedó en nada, pero hoy he vuelto a encontrarme con este texto y me apetecía abrir una ventana con él. Ahí queda...



Treinta. El hueco del sofá


El salón de la casa de mis abuelos maternos -a los paternos no los conocí; murieron antes de nacer yo- fue durante mucho tiempo mi cuarto de recreo. Se puede decir que los que estábamos allí cumplíamos cada uno una tarea: mis abuelos y mi tía Andrea me tenían vigilado, y yo les hacía compañía. Eso sí, todo de forma implícita, porque la realidad era que ellos se dedicaban a leer, dormir la siesta, ver la televisión, etc. y yo me dedicaba a jugar solo durante horas.

Los clicks de Playmobil (antes Famobil) eran mis favoritos. Tenía un montón de ellos, en su mayoría heredados. Casi todos eran iguales (de color azul o blanco) con el pelo marrón, negro o amarillo. El coche de bomberos, la tienda de los indios, los caballos... en fin, mil y una historias han salido de esos muñecos de plástico. Un año incluso monté un belén con ellos aunque, claro está, el resultado dejaba bastante que desear.
Y al acabar el juego, el destino de todos ellos siempre era el mismo: un tambor de detergente de 5 kilos. Allí se amontonaban hasta el día o la tarde siguiente.
Había, claro está, otros muchos juguetes: coches en miniatura, espadas, sables, un revólver de vaquero, geyperman, airgambois, canicas, bolas de goma que botaban altísimo, y otros tantos que me ayudaron a pasar mi infancia, aunque fuera jugando solo. Y al final, había que recogerlos todos

El sofá de mis abuelos era de una pieza, aterciopelado y un color entre dorado y verde oliva, con muchos floripondios. Formaba un ángulo de noventa grados, aunque no era tal, pues la esquina tenía forma redondeada, lo que hacía que aquella parte, a diferencia del resto del sofá, quedara separada de la pared. En ese hueco era donde yo dejaba todos mis juguetes e incluso alguna que otra vez yo mismo me escondí allí, por supuesto, mientras mi tamaño me lo permitió.
Ese hueco era mi cajón de-sastre, y también mi cofre del tesoro. Allí tenía casi todo lo que necesitaba para ser feliz durante horas, si bien es cierto que a veces se llenaba de porquería y perdía su condición de rincón maravilloso. Pero siempre fue una especie de banco de sueños. El rincón del sofá de los abuelos.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Canciones escondidas

Iba yo pensando hoy en la cantidad de canciones que forman parte de mi banda sonora personal  y que nunca han sido elegidas por la discográfica en cuestión para ser un hit o un single de amplia difusión en los medios; canciones que de no haber escuchado/comprado/descargado (sí, descargado) el álbum completo nunca hubieran existido para mí. 

Muchas de ellas las encuentro bastante mejores que las que no han parado de sonar en la radio o la televisión, pero también es verdad que estas últimas me han servido en bastantes ocasiones para conocer al grupo o artista que las interpretaba y, profundizando un poco, dar con esas joyas escondidas. 

Hoy es más complicado. No sé cuánto tiempo hace que no compro un CD; también hace mucho que no descargo música para mi propio disfrute (hace tiempo que empecé a dudar de mí mismo haciéndolo). Tampoco mi interés por la música y los artistas es el de antes, pero es cierto que ahora  que todo se distribuye por internet y fundamentalmente por iTunes, acceder a esas joyas resulta más complicado, al menos para mí (de momento no he entrado en el mundo de Apple que a veces parece que es la única forma en la que los músicos te dejan escuchar sus nuevos temas, aunque hay alternativas que mencionaré más abajo). De todas formas, yo seguiré disfrutando de las ya descubiertas, y espero encontrar la forma de descubrir otras nuevas. 

Siempre he pensado que comprar un disco es algo arriesgado, porque una vez abierto no hay derecho a devolverlo si no estás satisfecho con su contenido, a diferencia de lo que ocurre con otros muchos productos. Necesito escuchar varias veces las canciones para saber si me gustan o no. También sucede en ocasiones que una canción que inicialmente no me gustaba o a la que no había prestado atención de repente se convierte en un tema imprescindible en mi banda sonora personal. Pero también puede ocurrir lo contrario, que una canción de tanto escucharla me acaba aburriendo, o que por más que la escuche y pasen los años nunca me va a gustar. 

Es importante que los artistas pongan de alguna forma a nuestra disposición las canciones para que podamos escucharlas hasta decidir si queremos o no incluirlas en nuestra banda sonora. Soluciones como spotify, grooveshark o similares parecen una buena idea, pero tampoco hay que cerrarse al hecho de que la gente pueda subir a youtube, o a otros portales como goear canciones para que el resto podamos escucharlas antes de comprar. 

Vamos a ver hacia dónde camina la industria musical y qué es lo que sucede con esas canciones escondidas que yo espero seguir destapando... 

miércoles, 25 de julio de 2012

Ojo por ojo...

Voy a ser un poco bestia hoy, lo sé. Y que conste que es algo que he dejado reposar, aunque no sé si en este caso es mejor así. 

Quiero hablar de determinados comportamientos que provocan en mí un deseo de llevar hasta el extremo aquella cita bíblica de ojo por ojo, diente por diente

Hace sólo un par de días que se declaró un incendio en la provincia de Girona que ha arrasado miles de hectáreas y, según parece, el origen podría haber sido una colilla arrojada desde un coche. Ese simple gesto que para algunos carece de importancia ha supuesto la muerte de varias personas, la desgracia para muchas otras y la pérdida de recursos naturales. 

Ayer al bajar del autobús la marquesina tenía uno de sus cristales completamente destrozado. Es algo que también suele verse con frecuencia. 

Son sólo dos ejemplos pero se me ocurren unos cuantos más (tirar colillas o chicles al suelo en plena calle o en los urinarios atascándolos, pintadas que nada tienen que ver con el grafiti...) y cada vez que veo algo así dudo entre preguntarme a lo Mourinho ¿por qué? o directamente dar rienda suelta a mi indignación pensando en medidas que aplicaría al anónimo responsable: 
  • ¿Por qué tirar la colilla o el chicle al suelo? ¿Lo haces también en tu casa? Si no tiras otras cosas al suelo (papeles, botellas, etc.) ¿por qué esto sí? Solución: llenarte el suelo de casa de chicles y colillas, a ver qué te parece...
  • ¿Por qué tirar el chicle, la colilla o lo que sea y atascar el urinario? (Aquí empieza mi lado bestia) Fenomenal, ahora vas a recoger con la boca, sin manos, el chicle de su sitio, así no se te olvida...
  • ¿Por qué lanzar la colilla por la ventana del coche y provocar un fuego? Vamos a dejar la colilla encendida dentro del coche, y a cerrar bien las puertas por fuera, a ver cómo lo ves... 
  • ¿Y la luna de la parada del autobús? ¿Que la rompiste de una pedrada? Vale, trae la piedra y pon la cara, que te voy a explicar lo que se siente cuando te la revienta una piedra... 

Sí, es muy bestia, lo sé, pero yo creo que sería un poco más fácil pensar las cosas sólo medio segundo más antes de hacerlas. Por suerte, yo me lo pienso ;)

lunes, 4 de junio de 2012

Re-e-descubriendo a los clásicos

Hará ya un par de meses o tres que Ana, mi esposa, me regaló para celebrar mi aprobado en la oposición un precioso lector electrónico de libros (más conocido como e-book).
El Quijote en mi Sony Reader

Yo no había hecho mucho caso a estos dispositivos que tanto se ven de un tiempo a esta parte; era de los que pensaban que donde esté un libro de papel, que se quite lo demás. Aparte, siempre he tenido dificultades para leer mucho rato seguido en una pantalla; enseguida me canso, así que no me veía a mí mismo como futuro usuario de un lector de libros electrónicos.

Como sucede en tantos órdenes de la vida, son otros los que tienen que abrirle a uno los ojos para descubrir cosas que dentro de un tiempo resultarán tan normales como lo son ahora el teléfono móvil, el ordenador o el microondas.

Entrando en detalles, mi lector es un Sony PRS-T1 de color blanco, como se ve en la foto de más arriba. Es ligero, tiene conexión wifi, tinta electrónica y completamente en blanco y negro, algo que mis ojos agradecen, y pantalla táctil. Vamos, lo que se dice una chulada.

El lector venía con dos libros precargados (Crimen y castigo, y El retrato de Dorian Grey), y tirando del hilo busqué páginas de las que descargarme libros gratuitos, de forma legal. Evidentemente, los títulos disponibles son en su mayoría clásicos de la literatura. Así que aquí estoy yo, con mi lector de última generación atacando por fin la lectura de clásicos que quizá nunca me hubiera decidido a abordar en formato de papel.

Hace unas semanas terminé Drácula de Bram Stoker, y ahora ando dividido entre Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes y Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas. Una de las mejores cosas que tienen los lectores de libros electrónicos es que permite llevar dentro un montón de títulos, y cambiar de uno a otro con un par de clics, volviendo siempre al punto exacto donde se había abandonado la lectura -lo siento por los marcapáginas, aquí no tienen sentido-.

Pedazo invento este de los lectores de e-books. Basta con echar un vistazo en el bus y en el metro para darse cuenta de que es un regalo de lo más socorrido...

viernes, 24 de febrero de 2012

El Dorado

Hace unos días iba en el coche y sonó la canción de Revólver "El Dorado". Para quien no la conozca, viene más o menos a contar la historia de unos padres (no sé si los del propio autor), que se sacrificaron en busca de una vida mejor, El Dorado. Pero también se cuestiona a qué precio (trabajando y llegando a casa tarde). 

Y entonces yo pensaba en mi vida, en la opción de vida que empecé a enfilar hace algo más de tres años y que parece a punto de consolidarse con mi próximo nombramiento como funcionario de carrera. 

Podría haber optado por trabajar mucho, muchas horas, ganar más dinero en la empresa privada, pero opté por meter la cabeza en la Administración y apostar por calidad de vida: menos dinero, pero más tiempo para disfrutar de mí y de mi familia. Y para nada me arrepiento. Estoy a punto de alcanzar mi particular "El Dorado".

Portabilidades

Revisando este observatorio he visto que tengo pendiente de publicar una entrada -ventana, como las suelo llamar aquí- que pretendía contar mi experiencia con Movistar en el último año desde que a finales de 2010 hice un amago de portabilidad a Vodafone. La había titulado "Fidelización o como el que no llora no mama".

Se quedó en el título y nunca llegué a escribirla, pero básicamente lo que quería contar es la jugada que muchas personas hemos tenido que hacer para conseguir mejores tarifas, un móvil de última generación a un precio algo más reducido, etc. En mi caso yo conseguí tanto para Ana como para mí un smartphone, una tarifa y ofertas ventajosas con Movistar.

La cuestión es que todo esto sólo lo conseguí porque mi órdago llegó hasta la solicitud de portabilidad a otro operador. Si me hubiera conformado con lo que tenía o con lo que me ofrecían por llevar cerca de 10 años con ellos... No soy lo que se dice un tipo echado para delante, pero en este caso busqué una oferta que me interesara, de manera que si Movistar no me ofrecía nada mejor, tampoco salía perdiendo. Pero la jugada salió bien: un Nokia C6-01 a 0€, un C7 a 90€, una tarifa de 8cts/minuto llamada y 8cts mensaje (que por entonces no estaba mal), y 500 sms gratis al mes durante un año. No está mal, aunque también tuvo su cara B: un año de permanencia (poco para lo que se pide ahora), el anzuelo de la tarifa de datos (del que ya no hemos podido salir, pero que al final considero útil), y la limitación de no poder contratar ningún otro tipo de plan de ahorro ni promoción si no cambiaba de tarifa.

Hasta aquí, todo bien. El tema de la conexión a internet tuvo un mes de prueba, tras el cual vinieron 6 meses disfrutando de un 50% de reducción de la cuota (de 10 a 5€). Tengo que decir que esta reducción no se me dio por mi cara bonita, sino porque quise darme de baja de la tarifa de internet. Pasados 6 meses tuve que repetir la jugada para disfrutar de la misma oferta.

Para entonces ya tenía claro que cuando terminara la permanencia me iría a otro operador, a ser posible sin ataduras. Desde el principio le eché el ojo a Pepephone. Superada la desconfianza inicial que puede generar el nombre y el hecho de tratarse de una operadora virtual (la infraestructura de red se la proporciona Vodafone), empecé a buscar opiniones, y me encontré con muchas favorables y muy pocas desfavorables.
¿Sospechoso o buena señal? No lo sé, el caso es que a principios de este año di el paso y ya soy de Pepephone, y el lunes que viene lo será Ana. Llevo ya casi un mes y no tengo ninguna queja; no he tenido problemas de cobertura, su página web funciona, es sencilla y tiene los datos que necesito. Las llamadas tienen una tarifa muy buena, y el bono de internet me da más que de sobra para el uso que le doy. Pero lo que más me convence es su forma de actuar: poca publicidad, cero autobombo, y servicio centrado en los clientes (algo que parece que empiezan a valorar otras compañías -ver si no el último anuncio de Orange-). Aquí puedes ver sus principios

Pero no quiero irme sin contar el cambio de estrategia que he observado en Movistar, y no sé si en las otras grandes de la telefonía móvil. Si antes se desvivían por hacer una oferta razonable de la que sólo disfrutabas si amenazabas con irte a otra compañía, ahora parece que han optado por ofrecerte sus estupendas tarifas (que en comparación no pueden competir con otras) y en contarte lo malas que son las compañías virtuales, esas a las que tanto ellos como Vodafone y Orange alquilan su infraestructura de red. No sé si les trae más cuenta, si se creen que somos tontos, o si ellos se han cansado de que, abierto el melón, muchos aprovecháramos su política de fidelización.

La cuestión es que en un par de días diré adiós a Movistar, no sé si para siempre, pero cada día estoy más convencido de que o mucho cambian las cosas o seguiré así, con un operador virtual y cuando lo necesite, con un teléfono libre, que no liberado (ya contaré algo sobre esto, que también tiene miga). El siguiente capítulo de este cuento será en abril, cuando me venza el año de permanencia que Jazztel me puso para poder disfrutar de una reducción en la tarifa del ADSL.

Si como ha demostrado Pepephone, hay otra forma de hacer las cosas, ¿por qué el resto se empeña en tomarnos el pelo?

miércoles, 11 de enero de 2012

Y en unas décimas, todo cambia

Esta mañana estuve a punto de presenciar un atropello. De hecho, el atropello se produjo, pero debió suceder apenas un minuto antes de que yo pasara en el otro sentido con mi coche. Se me cruzó un perro suelto, y fue en ese momento cuando me di cuenta de lo que sucedía en el carril del sentido contrario: una figura con abrigo rojo y una mochila tumbada en el suelo; gente acercándose para intentar ayudar; un coche parado con la luna rota por el impacto; su conductor unos metros delante, con la rodilla en el suelo y con un claro gesto de "Dios mío, ¿qué he hecho?".
No quiero ni puedo precipitarme, pero todo apunta a que la culpa no fue del conductor, pues el peatón parece que cruzó por un lugar indebido, quién sabe si por culpa del perro.
Ni que decir tiene que se me ha quedado mal cuerpo; había ya varias personas que estaban cerca y yo he pensado que poco o nada podía aportar, así que he seguido adelante, pero no podía evitar pensar en lo que había visto, y en los tristes protagonistas de la historia: el conductor y el peatón.
En ambos casos, está claro que la vida les ha cambiado en apenas unas décimas.
El peatón, si es que ha sobrevivido, puede que tenga que sufrir durante mucho tiempo, quién sabe si el resto de su vida, las secuelas del brutal impacto contra el coche.
El conductor, por su parte, aún en el caso de que se demuestre que no ha tenido culpa en el accidente, verá condicionada su vida por lo que pasó hoy.
Muchas veces nuestras decisiones nos marcan, y están ahí. Lo peor es cuando lo que nos marca viene de algo que no podemos decidir, y que como en este caso, sucede en apenas unas décimas.
Más que nunca, es en estos momentos cuando viene a la cabeza la tan manida frase de El club de los poetas muertos, "Carpe diem". Nunca sabes adónde va a conducirte tu próxima decisión o de dónde provendrá el hecho imprevisto que te cambie para siempre.


jueves, 20 de octubre de 2011

Detalles (de educación¿?)

Hacía mucho que no abría una ventana a este observatorio, y siento ser un poco recurrente, pero ayer y hoy he observado algunos detalles a mi alrededor que a lo mejor para ti no son más que manías de este quisquilloso que escribe, eso lo dejo a tu discrección. 

La primera fue a la salida del metro de Ciudad Universitaria. Muchos días, en lugar de coger el bus en Moncloa, hago el tramo hasta la facultad de medicina en metro, y cuando salgo a la parada de bus, según me dé, me voy andando o si me conviene, cojo alguno de los buses que me dejan a la puerta del trabajo. Ayer vi como el G cerraba las puertas supuestamente por ir lleno, pero según pasó por delante de mí, pude ver que en la parte de atrás había incluso asientos sin ocupar. Claramente la locución "Por favor, pasen al fondo" no surte demasiado efecto. 

A la vuelta del trabajo, en el bus que me lleva a casa, reparé en que a mi lado había una señora de bastante edad de pie (el autobús ya iba lleno) No sé si yo fui el más rápido (lo dudo) o el único que reparó en ella, el caso es que le cedí mi asiento, y me di cuenta de que aquí, tonto el último. 

Por la tarde, en la feria de las fiestas de mi pueblo, disfrutaba viendo a mi hija montar en las distintas atracciones. Disfrutaba hasta que dejé de hacerlo (al menos en parte) por el humo de los cigarros de algunas madres (particularizo porque los dos casos que se dieron eran de mujeres). Sí, es un sitio abierto, pero al final lleno de gente, lleno de niños, muchos de ellos bebés, y creo que poco cuesta aguantar un rato para echarse el cigarrito mientras ves a tu hijo/a disfrutar en los cochecitos o las bolas. 

El metro esta mañana iba también hasta arriba, pero lo de pensar un poco y quitarse la mochila para ocupar menos tampoco va con algunas personas. Me he subido al autobús de la línea 82 viendo otra vez que al fondo había sitio, pero en este caso el detalle ha sido otro: el conductor ya había cerrado, y algunas personas se habían quedado a un paso de entrar; sin embargo, ha vuelto a abrir para cerrar bien,circunstancia que ha aprovechado un hombre trajeado (pero no afeitado) de unos treinta y tantos (calculo yo) que no estaba precisamente en primera fila para subirse, o al menos en un principio para intentarlo. Un chaval que se había quedado fuera le ha afeado la conducta con un "muy bonito"; el hombre se ha medio cortado, pero al final ha acabado subiendo. Muy bonito; como decía antes, aquí, tonto el último. 

Serán manías, pero a veces me cuesta sacar el lado positivo a los detalles que tenemos (o no) los unos con los otros.


martes, 27 de septiembre de 2011

Con nombres y apellidos

Me resulta curioso escuchar de labios de mi hija Andrea cómo empieza a llamar a algunos de compañeros de clase por su nombre y primer apellido. Lo que el año pasado, en la guardería, eran menciones a Hugo, Bruno, Martina, Katia, etc. ahora son referencias a Hugo Luna, a Gonzalo Sánchez, pero también a Paula, Sofía, Marina, Daniela...

Sí, Andrea ya va al cole, y ese hacerse mayor también se nota a la hora de hablar de sus compañeros. Entonces me acuerdo de que hace ya muchos años, cuando yo iba al colegio, era lo mismo: había varios Javier, varios Fernando, varios David, a los que se llamaba por su nombre y su primer apellido; algunos incluso perdían el nombre y sólo respondían a su apellido.

Al final no deja de ser lo que nos sucede a medida que nos hacemos mayores; vamos perdiendo poco a poco nuestra singularidad inocente de la infancia para irnos diluyendo en la multitud del mundo adulto, donde sólo se nos conoce por el nombre que obligatoriamente debe ir acompañado del apellido, ya que de otro modo no hay forma de encontrarnos.

Firmado, Alejandro Rubio :)

viernes, 6 de mayo de 2011

La guerra lo justifica todo

Estamos en guerra, o eso dicen, contra el terrorismo. Parece que eso justifica todo. Llevamos viendo toda la semana cómo las mismas personas que se llenan la boca con palabras como justicia, libertad o derechos humanos se congratulan del asesinato de Bin Laden. Sí, asesinato, que tampoco se preocupan en ocultar.

Eso sí, después de jactarse de haber eliminado del mapa al terrorista más sanguinario y de proclamar a los cuatro vientos que el mundo es ahora más seguro (¡ja!), se vuelven a poner el traje de moderados y prudentes para decir que no es conveniente mostrar las imágenes del cadáver.

En fin, todo esto no hace más que redundar en lo mismo: donde dije digo digo diego y según me conviene me pongo un traje u otro. Las personas son personas, y al hablar de igualdad nos damos cuenta de que unas vidas valen más que otras.

No defiendo al terrorista, pero el terrorista, el empleado de banca, el presidente de gobierno, el currito que se levanta cada mañana para sacar adelante a su familia,... todos son personas. A veces se nos olvida.


martes, 26 de abril de 2011

Hartura

Poner la radio, la tele, leer los periódicos... todos los días es lo mismo. En política, quiero decir.

Resulta sorprendente escuchar a políticos de uno y otro bando lanzarse los trastos a la cabeza, preocuparse más de lo que hace o deja de hacer el otro que de lanzar un mensaje positivo, que bastante tenemos con lo que tenemos. A veces pienso cómo es posible que se crean las cosas que sueltan de manera gratuita, porque aquí soltar disparates es gratis.

La pena es que, como en el anuncio, estamos como dormidos, anestesiados que dicen en algunos medios. Y es verdad. Nos tragamos cualquier cosa con tal de que nos dejen en paz. Metemos a todos en el mismo saco, pero al final seguimos encasillados, fieles como corderitos a nuestra ¿ideología? Y así nada cambia. Partido de tenis: ahora sacan unos, luego les toca sacar a los otros.

Tenemos la desgracia de padecer un sistema político bipartidista de hecho, acomodado, y poco dado a pensar en la gente. Y las voces en el desierto que claman contra esa situación al final son sólo eso, voces en el desierto.

Ay, dios mío, qué hartura....

Libros perdidos

Pues otra historia de biblioteca al canto; es lo que tiene visitarla tan frecuentemente como lo hago en estos últimos meses.


No me limito a ir allí a estudiar, sino que de vez en cuando me doy una vuelta por las estanterías buscando algún libro que pueda interesarme, y de hecho ya he encontrado más de uno. El caso es que son muchas las ocasiones en las que encuentro libros que no están donde deberían estar, bien en un estante que no les corresponde, bien en un lugar alfabético equivocado.

Más de una vez he visto en bibliotecas avisos a los usuarios para que no coloquen ellos los libros en las estanterías porque, es verdad, un libro mal colocado es un libro perdido, y es una auténtica lástima que hasta que no hagan un inventario, ese libro pueda quedar olvidado.

Yo intento poner mi grano de arena, y cuando encuentro libros olvidados, los coloco en su sitio o si dudo, los dejo sobre la mesa para que los bibliotecarios, que de esto saben un rato, los devuelvan al lugar que les corresponde.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Oportunidades

Ayer hablaba sobre genios anónimos, y hoy iba en el bus oyendo de fondo una canción que no conocía y de la que tampoco he sabido identificar el intérprete. No sé si se trataba de Maldita Nerea, El Pescao, u otro artista distinto. La cuestión es que no me sonaba especialmente bien, la voz, quiero decir. Y no digo que eso tenga que ser así. Cuántos grandes autores que hacen grandes canciones no son precisamente grandes intérpretes.

Bueno, me retracto de lo anterior: claro que tiene que ser así. ¿Por qué grandes autores se empeñan en desafiar el buen gusto obsequiándonos con interpretaciones que no están a la altura? Al contrario también sucede, pero yo creo que menos: hay intérpretes que se meten a autores, pero ahora a la cabeza me vienen casos en los que lo hacen con ayuda de gente que sabe del tema.

Pero esta mirada no va de eso. Volviendo al comienzo, pensaba en casos concretos de artistas de gran éxito que objetivamente no pasan de ser del montón, pero que por lo que sea han tenido una oportunidad que han sabido aprovechar. Olé por ellos.

El otro día, en un taller de técnicas de concentración, la chica que lo impartía nos contaba que la suerte está hecha de oportunidades, y es verdad. Hay gente que, como decía en la mirada de ayer, nunca tendrá una oportunidad de demostrar lo que vale, o la tendrá y no sabrá o no querrá aprovecharla, pero si lo hace podrá mirar atrás y decir que tuvo suerte de estar en el sitio adecuado en el momento preciso.

Las oportunidades se presentan a las personas sin distinguir sus cualidades. Una persona con pocas capacidades puede aprovechar una oportunidad que cambie su vida, y por el contrario otra con un talento fuera de lo normal puede dejarla pasar y que nadie nunca sepa que estuvo junto a un auténtico genio.

Y falta un último grupo: el de los que ni tienen capacidades ni aprovechan oportunidades, y que seguiremos instalados en la mediocridad.

martes, 29 de marzo de 2011

Photoshop for everybody

La semana pasada nos acercamos toda la familia al estudio fotográfico que tenemos cerca de casa para hacernos las fotos del DNI, y aprovechamos también para sacarnos un retrato de familia los cuatro.

Después de la sesión y las decenas de fotos que nos sacó la dueña, pasamos al momento de elegir las fotos que íbamos a imprimir. No fue fácil, pero cuando nos decidimos, llegó la parte más sorprendente: ante nuestros ojos, en la pantalla de ordenador en la que nos mostraba las distintas imágenes, comenzó a hacer retoques. Que si una manchita por aquí,l que si un arañazo que se había hecho Jorge esa misma tarde... en cuestión de segundos todo desaparecía como por arte de magia.

Y entonces supimos que no sólo las fotos de las revistas pasan por el filtro del todopoderoso Photoshop ;)